Fausto Leonardo Henríquez
crítica, poemas, cuentos, ensayos, entrevistas, artículos de opinión. (Permitido cortar y pegar, siempre que se cite la fuente)
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lunes, 19 de marzo de 2012
SEAMUS HEANEY, “Norte”
Cuadernos de san Martín Jorge Luis Borges
martes, 13 de marzo de 2012
ALBERT MARCUSE, La dimensión estética
ALBERT MARCUSE, La dimensión estética. Edicions 62, Barcelona, 1982.
Sigo la traducción al catalán de Jaume Creus y de J. F. Ivars.
La obra de arte revolucionaria, en el sentido más genuino de la palabra, comprende la percepción, comprensión y denuncia de la realidad establecida, la manifestación de la liberación. La literatura es revolucionaria solamente en relación consigo misma, como contenido convertido en forma.
El arte, por otra parte, brota también del Eros: que es, en el fondo te todo «la profunda afirmación de los impulsos vitales en su lucha contra la opresión instintiva y social». Por eso el arte se opone a la sociedad establecida y su principio rector es el de la transformación, el cambio de la realidad dada como real. La alegría o la tristeza, Eros y Tánatos es una constante en la vida humana y no se resuelve en la lucha de clases.
La sociedad sigue presente en el arte, cuyo reino es autónomo. Lo está al menos de tres maneras: El arte constituye la sustancia de la representación estética, en primer lugar; y configura el ámbito de posibilidades de lucha y liberación, en segundo lugar; y, en tercer lugar, la posición del arte en la división social del trabajo, esto es, trabajo manual e intelectual, que confiere a la actividad artística de un carácter elitista.
El mundo del arte y el mundo real no coinciden, hay entre ellos una escisión insuperable. Por más que el artista quiera reconciliarlos no podrá conseguirlo. La obra de arte rompe con la realidad cotidiana, cuenta con ella como materia dada, pero debe conservar su autonomía. Porque si se sujeta a la realidad, bajo el pretexto de quererla superar, no lo logrará, sencillamente porque hay un abismo que separa la realidad real y la realidad estética.
Marcuse se empeña en sostener que en el «mundo ilusorio», es decir, ficticio, el mundo que es fruto de la imaginación creativa –que es el mundo del arte-, las cosas aparecen tal como se nos muestran y como deben aparecer. Por lo que el mundo real aparece más falso que el fundo inventado.
Memoria e idealidad en el arte
El arte tiene la cualidad de conservar la memoria de los hechos, pero también la capacidad de suscitar el mundo posible. Ella revela una nueva forma de ver el mundo. Aunque también es verdad que el arte no puede trasladar su visión de la realidad tal y como ella lo concibe. Esto se debe a que el arte, como parte constitutiva, tiene una fuerte carga de idealidad, sin embargo la esperanza que la sostiene no queda en un puro ideal. Su materialización se sitúa fuera de ella.
El lenguaje liberador de la obra de arte, recurre a imágenes liberadoras de la muerte y de la destrucción de la voluntad de vivir. Este es, en la afirmación estética, el elemento emancipador.
El arte, en definitiva, conserva la cualidad de «idea reguladora» en la lucha por la transformación del mundo. Más allá de las promesas de las fuerzas de producción y las luchas de clases, «el arte representa el objetivo final de todas las revoluciones: la libertad y la felicidad del individuo».
Crítica a la ‘razón estética’ marcusiana
Marcuse recurre a Kant y a Freud para sostener sus argumentos sobre estética, a veces oscuros. Su visión del arte está tamizada por una lectura marxista de la realidad, de la relación de los hombres, la lucha de clases y la productividad. Le atribuye al arte poderes subversivos, liberadores y progresistas.
Marcuse me resulta más convincente cuando habla de la función crítica del arte y de evocar el mundo posible, deseable. El arte es capaz de crear, aunque sea en fantasía, ficticiamente, el mundo que deseamos. La noción de marcusiana de que el arte puede «transformar la consciencia y los impulsos de los hombres y mujeres» para operar en ellos la posibilidad de cambiar el mundo es, sencillamente, iluminador y esperanzador.
Su visión del mundo y de la realidad es pesimista. El mundo real, el que vemos y en el que vivimos, no es real, ni bueno; no lo es porque no se corresponde con el ‘mundo ficticio’ que produce el arte. Para él la verdadera realidad es la que produce el arte, la realidad estética. La realidad real, la realidad histórica, es sombría, fea, imperfecta, hecha a imagen y semejanza de la sociedad. Por lo que hay que combatirla, transgredirla y romper con el orden establecido.
A mi juicio, como se ciñe más a una comprensión de estética en el ámbito literario, con la consabida connotación ideológica, da la impresión de que el campo de visión se reduce. Tal vez si su pensamiento hubiera sido más abarcador y menos político, hubiera podido llegar más lejos. Sin embargo, su ensayo es aleccionador e intuitivo.
La ‘razón estética’ marcusiana del arte se queda en la esfera de lo utópico. La libertad y la felicidad humanas siempre estarán ahí como posibilidad, como esperanza, como deseo. ¿Es posible alcanzar la libertad por el arte? ¿Podemos ser felices gracias al arte y solamente por el arte?
miércoles, 8 de febrero de 2012
ODA A IRLANDA
Me conociste antes que la lluvia,
Antes que la luz del sol te conocía.
Te pensé, Irlanda, con el arado de Seamus Heaney
Y entré en tus surcos como entra la palabra en la retina.
Oh gris quietud, oh cielo tapizado de ancestral humus!
Llevaste por tus calles mi sombra con asombro.
James Joyce posó a mi paso. Nunca llega
Del todo Ulises a Ítaca. Mas su luz
Sigue destilando leche que los años agradecen.
Dublín, húmeda de tradición
Vibra con fuerza luminosa y verde.
Abre en mí los códices, los secretos guardados
En la fábula del cinturón de agua del río Liffey.
Joyce, Beckett, Wilde, Jeats, emergen
En el Temple Bar como estrellas.
Me invitan a un trago de luz, a recostarme
Contra el piano que es un hombre, un vaso,
Una flauta celta.
Yo he venido a ti, Irlanda, en busca del alma
Tallada en la piedra de tus iglesias.
Vine a besarte las orillas, a cortarte
El pelo rojo de tus muchachas. Vine
A que me sueñes, a que me hurtes
La inocencia y las fronteras.
En ti, Irlanda, las tardes maduran precozmente.
¿Te vienes conmigo al puente Calatrava?
Vayamos por el carril izquierdo y entremos
A la acuarela de All Hallows College.
II
Hay en tu espalda un muro caído,
Una historia bruñida, un verso en el aire,
Un hombre que acaba de nacer en el iris.
¿Podrá la sangre germinar la niña que un día
Será alba? ¿Será semilla la palabra de Jeats o Joyce?
Háblame desde dentro, muéstrame tus heridas calladas,
Tu genio, tus hombros. Baje el ruiseñor
De Jeats, muja la vaca en la memoria de Heaney.
Suba yo a la punta de la aguja en tu centro infinito.
Oh Dublín, oh Irlanda yo te beso el ala,
El gris asedio de la lluvia.
Isla tú, tapiz del océano Atlántico
Como Quisqueya, mi cuna de espumas. Hoy eslabono
Tu pequeñez con la perla del Caribe
Para que crezca la fraternidad de tus olas,
El elogio de tus orillas, la sinfonía de tus aedas
Que zarpan de tus puertos
Cada vez que abrimos sus libros.
Irlanda, las campanas te llaman en lo alto
Para que nunca olvides tu Norte.
III
Te declaro, Irlanda, vitral de mis ojos,
llanura que en la lengua reverdeces.
No tienes que mirarme, tan sólo déjame beber el té
a tu lado, mientras se despereza la tarde
y beso el último retazo de luz.
Tus calles anidan el extraño vértigo,
el anonimato sórdido.
La lluvia pertinaz lava el gris amargo,
el invierno y la neblina pensativa.
Te queda fuego en el habla,
licor en tus ojos vikingos.
Me hospedas en tus manos.
Duermo en la lividez de tus hijas.
¿Cómo olividar el agua turbia del Liffey?
¿Cómo no ver el vuelo del ave
en su soledad? ¡Qué ignorancia ciega
al osado orbitar de la razón
cuando toda la música adquiere nombre!
En la memoria de mi cámara
me llevo el brasero de tus siglos.
Las botas con las que he recorrido tus sueños
han dejado en tu piel un húmedo mapa
que no olvidarás.
(Dublín, febrero 2012)
***
lunes, 30 de enero de 2012
COMENTARIOS DEL LIBRO DE POEMAS Arca de amasar diluvios de Fausto leopardo Henríquez
lunes, 26 de septiembre de 2011
POEMA “ODA AL PADRE”
POEMA “ODA AL PADRE”
de Pedro José Gris
(Comentario interpretativo)
Por Fausto Leonardo Henríquez
ODA AL PADRE
El de los cabellos azules
(Nelson vivió lo que escribo en el agua)
Del vaho de la tierra palpitante de noche
asciende vaporoso jugo letal
de angustia
y turba mi cabeza,
en su origen de sangre primigenia,
esa extensión inmensa de sangre y de criaturas
subterráneas. ..
El gris, acerado sentimiento, me obliga
a entrar al agua
a refrescar un poco la existencia
En un baño de espadas disueltas
en luna líquida y en agua
he empezado a nacer de nuevo
desnudo en la sal, en la consumación de la blancura
La vida se vierte, meditabunda, se pierde
se perfuma
se embriaga...
la noche es un aroma de muy viejos rosales
y un viento muy sabio de adolescentes labios
que besan, que besan
que besan...
La tarde, simplemente, se hace olvido...
El Mar, el Mar, el Padre de estos seres,
impasible y agónico enciende misterioso
sucesivos alborozo de silencio...
Nada... más que vivir
la vida se presiente...
La tarde
lentamente...
nos suma a su memoria
es decir, a su luz, a su música, a sus rosas...
¡Y más allá del Tiempo, de la sucesión misteriosa,
del oleaje,
la eternidad resplandece en su hondura intangible
¡Hacia ti convergen la mediatez del Tiempo,
la agonía del agua, el soplo de la luz
en la Nada Perfecta
más allá de la Forma y de la Belleza!
¡Epifanía pura de cristales de instantes!
¡Marejada del Uno mágico y derramado
en cristales eternos!
¡Oleaje esencial sin distancia, sin Tiempo!
Oh Mar, oh Padre de los siglos,
Padre de estos seres vibrantes
que ahora toco en mi dispersión,
en su fluir viviente,
en su latir cósmico.
Oh Mar, oh Padre mío desde la noche; desde la sal,
desde la consumación de la blancura!
Oh dicha de este hijo en tus noches extrañas
donde se escuchan vuelos, donde el Padre medita
el abismo que acecha a todo hombre...
y desde su meditación se elevan truenos.
Oh Padre, sosegad a la noche hasta hacerla
imagen del pasado.
Oh Padre, sosegad esta visión de sangre que me abruma;
abre tu inmensidad,
mira sangrar mi cuerpo
herido en tu dolor, en tu belleza
ahogado en tu clarísima tristeza...
Oh vasta tumba azul donde los siglos
mueren.
Delirante arrebato de impresionante belleza. Así califico en una primera lectura el poema que hoy ocuparán estas líneas: Oda al Padre. Advierto que lo que diga será una penúltima palabra, si no la última de la que otros puedan decir. Vayan éstas como un humilde tributo a quien tengo alta consideración y admiración.
Empezamos. Oda al Padre es un poema de hondo aliento metafísico. Para entenderlo o tal vez para degustarlo es preciso introducirse en su atmósfera. Pienso que sólo desde ahí se puede gozar un poema emblemático del interiorismo.
La tierra, en su estado primigenio, creacional, cuando aún palpitaba el misterio de la vida en el vaho que preanunciaba el despertar de un Ser desconocido, concita al poeta al grado de transportarlo a una experiencia poética, a una visión de la belleza total incomparable.
La tierra late en consonancia con el corazón del poeta que se ve envuelto por una atmósfera de sombras. Él es barro con aliento vital, mas con un dejo divino que no acaba de cristalizarse, aun deseándolo, lo cual le causa una terrible angustia que se agranda en la medida en que ésta le calcina y lo arrincona en alucinaciones: “Del vaho de la tierra palpitante de noche/ asciende vaporoso jugo letal/ de angustia/ y turba mi cabeza”.
El poeta intuye el origen anterior a lo primero. Queda turbado por la angustia que lo despoja del tiempo y lo sitúa “en su origen de sangre primigenia”. Visiona un espacio inconmensurable habitado por seres extraños: “esa extensión inmensa de sangre y de criaturas subterráneas”.
El agua también, además de la tierra, es un símbolo de la vida, de la divina y la terrena. El poeta la utiliza para bañarse en ella y no para calmar la sed, en sentido inverso al poemario La Sed del Junco de Tulio Cordero, o de aquellos versos de Amado Nervo: “inútil la fiebre que aviva tu paso/ no hay fuente que pueda saciar tu ansiedad/ por mucho que bebas/ el alma es un vaso/ que sólo se llena de eternidad”.
El agua de la que habla el poeta es un agua en la que se introduce forzosamente, todo él, existencialmente, con su pensamiento y sus ideas. El poeta José Ángel Valente dijo en este sentido lo siguiente: “Tomar un baño es una breve/ solución general contra la nada”.
Es toda su vida, el complejo de toda su estructura vital como ser humano la que entra a sosegar dentro del agua, como si fuese, digamos, una placenta transhumana: “el gris, acerado sentimiento, me obliga/ a entrar al agua/ a refrescar un poco la existencia”.
La revelación de la belleza queda consignada inigualablemente en estos versos: “En un baño de espadas disueltas/ en luna líquida y en agua/ he empezado a nacer de nuevo”. De ese baño surge el poeta como criatura nueva, como si hubiera recibido un bautismo de intangible dinamismo creacional.
El agua eterna regenera los insondables sentimientos, la existencia misma. Ernesto Cardenal en Cántico Cósmico (can. 28) percibe esta realidad trascendente, lo cual confirma la autenticidad universal de la obra de Pedro José Gris: “La vida es la duplicación del don recibido. La vida tiene sólo una función: nueva vida. De vida en vida. Vida trascendiéndose la vida”.
A Gris no le basta haber nacido una vez, sino que necesita nacer de nuevo, otra vez, para sentirse vivo, humanamente otro: “He empezado a nacer de nuevo/ desnudo en la sal, en la consumación de la blancura”.
Tierra y agua son germen de la vida, y, ambos arquetipos se unen para alumbrar la novedad sublime del aedo. Tierra y agua se unen para revivir su existencia. Sin embargo, la vida nueva que nace del agua atribula y abate al poeta en la reflexión, porque él no puede quedarse indiferente ante ella. Tal vez la razón última de su tribulación es que no puede detener o aprisionar la vida en sus manos: “La vida se vierte, meditabunda, se pierde/ se perfuma/ se embriaga”.
Por otra parte, la noche adquiere un matiz interesante y contrasta con “luna líquida”, “nacer de nuevo”, “blancura”. La noche es el lugar de la angustia, del acorralamiento existencial. El célebre poeta Vicente Aleixandre nos da una idea de la noche vista por nuestro poeta: “La noche es más oscura que un corazón sin vida”. Es esta circunstancia, la noche, la que hunde al poeta en una meditación profunda. En la memoria se registra la noche de la vida, porque “la tarde, simplemente, se hace olvido”.
El tiempo y la eternidad son, también, nervios de este fantástico poema, Oda al Padre. El tiempo, por una parte, se muestra como algo mediato, sujeto al reloj y a lo finito. Lo mediato está hondamente ligado a lo tangible y a lo inmanente. Dicho con otras palabras, lo que sucede en el tiempo cronológico se encamina hacia lo caduco y a la muerte. Este campo no es el deseado, es el que está más lejos, en lo infinito y eterno.
De ahí la otra cara del tiempo, el no-tiempo, la eternidad. Es un tiempo sin tiempo donde todo perdura y es estable. El único movimiento que se da en la eternidad, según el poeta, es el “resplandor” de la belleza, de lo impalpable y absoluto. Es ese resplandor lo que trastoca el alma y la separa del mundo, aunque sea sólo por un instante: “Y más allá del Tiempo, de la sucesión misteriosa, del oleaje, la eternidad resplandece en su hondura intangible”.
Hacia la eternidad, como los ríos que bajan de los montes, corre el tiempo y todo lo que está, en apariencia, sujeto a él. La eternidad trasciende toda forma y belleza. Es el lugar de la Nada Perfecta. La región donde el Ente Total heideggeriano y la Nada son lo mismo: “¡Epifanía pura de cristales de instantes!”.
En esta misma línea escribió Octavio Paz en su poema “Piedra de Sol”: Lo que llamamos Dios, el ser sin nombre, / se contempla en la nada, el ser sin rostro / emerge de sí mismo, sol de sol, plenitud de presencias y de nombres”.
La impronta de la filosofía griega antigua sirve de acicate al bello decir de Gris. Es un recurso carente de estereotipos, es decir, natural y espontáneo, pero sabiamente manejado en el momento creador del poeta. Nos referimos al Uno. El Uno se le revela mágicamente en el cristal jadeante del mar inmenso: “Marejada del Uno mágico y derramado/ en cristales eternos!”.
Las olas que van y vienen pierden, de súbito, el sentido del tiempo y la distancia. El lector puede ver el universo del poeta. Hasta puede presentir un oleaje eterno, invisible e inquieto, cuyo lugar está al otro lado de la realidad. Existe una simpatía entrañable entre el aeda y el lector que logra adentrarse en su visión.
El mar, de nuevo el agua, adquiere una cualidad divina, celestial sin dejar de ser terrenal. Lo mitifica y le atribuye la paternidad de las edades y de todos los seres que ven. Juan Ramón Jiménez, para quien el mar significaba tanto, pareciera que, al menos en la forma, esté presente en Gris: “Oh mar, Padre de los siglos, Padre de estos seres vibrantes que ahora toco en mi dispersión”.
En el clímax de la visión poética de nuestro autor, se da una especie de repulsión heideggeriana, esto es, el Ente Total atrae pero al mismo tiempo repele. Te seduce, pero te rechaza. Atraído por el Mar, por el Padre, el Uno, el poeta se ve, al mismo tiempo, arrojado fuera de él, disperso. Es regresado el tiempo, al mundo común.
En las “noches extrañas” el poeta ha sentido gozo, dicha. Ha experimentado una incalificable cercanía con el Padre, el Mar. La empatía y reciprocidad con los mismos, conceptos de los que habló Aranguren han recreado el alma sensible de Gris. Por otra parte, y en el mismo orden de ideas, las palabras de Matos Paoli, en una carta a enviada al poeta J.M. Morales, empalman con la percepción de nuestro poeta cuando afirma: “Sólo lo Absoluto puede satisfacer tu ardor de maravilla”. Gris está ubicado radicalmente en el orden del Absoluto y sólo una vivencia poético-relgiosa lo puede redimir de su hambre de belleza.
Al término del poema el aeda pide, abiertamente al Padre que “sosiegue la noche”. Cuando la experiencia de lo maravilloso, sea poética o religiosa, es demasiado densa, aun si es breve, es irresistible. De ahí la súplica al Padre de atenuar el arrobamiento.
La noche aquí no es la noche sanjuanina. No, es, a mi juicio, una noche metafísica o trascendente, producida por la angustia existencial de estar ante una visión de la belleza que emana de la eternidad, del Uno, del Padre, del Mar, de la que el poeta se ve arrojado y dispersado por ser un ente finito. No sin causa sostiene B. R. Candelier en su obra El Sentido de la Cultura: “El arte es fruto de la angustia, del dolor y del sufrimiento”.
Oda al Padre es un poema profundo y muy denso conceptualmente. Contiene un ritmo interno alucinante, no sin un alto sentido estético y goce intelectual. Es una visión que desasosiega al poeta, que tiene que trascender e ir al lugar donde ya nada lo abrume.
Tengo el presentimiento de que en Oda al Padre se dan dos momentos cumbres: el contacto con la belleza humana y la alucinación encantadora de la belleza divina. Friedrich Hölderlin (Hiperión, I, 2) escribe algo sobre esto: “El primer hijo de la belleza humana, de la belleza divina, es el arte... La segunda belleza es la religión. Religión es amor de la belleza”. Oda al Padre es una obra de arte bajo el influjo de las dos bellezas hölderlinianas, mas también del inconsciente religioso, natural y adquirido por el poeta en su entorno cultural.
Herido de eternidad el poeta suplica al Padre que le abra la morada inmensa donde él habita, mas como es un simple mortal con la semilla de Dios sembrada, y nacida de nuevo, cae, herido ante la belleza total y se queda gimiendo en la “vasta tumba azul donde los siglos mueren”.
lunes, 12 de septiembre de 2011
COMENTARIOS DEL LIBRO DE POEMAS Arca de amasar diluvios.
Escritor Fausto leopardo Henríquez. Santo Domingo.
Por Sofía Sala
Aquí,
... “La noche y la muerte dormitan.
Vigila la luz conmigo para no perecer
en el torbellino de la oscuridad."
El libro deja un viento suave en el alma el cual se transforma en Amor, dando a conocer su mejor paisaje, soñando, en el arco iris del tiempo, ciclo inalterable, que, en perfecto contrapunto, colorea sus caminos siempre cenicientos, distantes, partidas y llegadas, hermanándolos a frases de la nostálgica vela siempre encendida, como luz bienhechora del pasado, que sirve al poeta para conseguir poemas llenos primavera y esperanza:
...“El tiempo se detiene
encima de mi escritorio, olvida
que es sueño su alma de ángel”…
Mueve el poeta el sentimiento, perfectamente concertado con la claridad de la palabra. Y así, sensitivo tiene el espíritu en perfecta vibración en sus versos limpios, consistentes, alados, según requiera el día, la noche y el momento donde la razón se eleva razón se eleva para ser una razón poética.
… “Parálisis del árbol
que tema pasar la noche a solas”…
Es abra de un poeta en plenitud, un hombre joven que vive eh un mundo difícil, su esperanza es la fuerza del Amor:
… “De rama en rama fuiste penetrando los contornos,
secretamente, con timidez de Ángel que no sabe
estar en la tierra porque sus alas le tiemblan"...
Escribir es una acción que solo brota desde un aislamiento defendiendo una soledad buscada, salirse del “laberinto de la vida", crear poemas, sueños e ilusiones. El alma se refuerza en un mundo donde toda persona tiene que ser defendida. El poeta descubre un mundo que es solamente suyo:
“Un cirio, entre sollozos, no dormía por velarte.
Ni las rosas tiemblan tanto ante la tijera,
como el sol que vio hundirte aquel medio día
en los jardines de
Entusiasma el lenguaje variado y bien llevado. Las palabras propias de de nuestra querida América que hacen sentir cierta. Melancolía.
“Maíz mujer mujer,
fecundo grano
multiplica la tierra madre.
Mazorca desgranada
la vida que injertas."
Seguir comentando su poesía, la profundidad de su pensamiento, sería un tema largo. Nuestra querida tierra, nuestro suelo en general terrestre, sus habitantes de todos los lugares sufren tragedias y dolor que dejan muchas cicatrices. A. los poetas nos toca., donde el Amor dibujó una sonrisa llena de aroma, escribir, reconocer la falta de moral y puede resultar que el remedio se encuentre en la explicación de poesía-filosofía, esa especie de veracidad y Verdad, entre la belleza y la luz llegar a la inteligencia de los hombres, y encontrar verdades para la vida.
Siga. Vd. escribiendo, viva, sueñe, sienta, todo lo que arde en su pensamiento, elévese como solo Vd. sabe hacerlo en el poema, todo suavemente en silencio, sin ruido, sin palabras, el Amor vendrá en el Amanecer, cuando todo renace, se agrande el rocío y se hará todo un sueño en el Atardecer.
viernes, 2 de septiembre de 2011
Palabras sobre Arca de amasar diluvios
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