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domingo 17 de mayo de 2009

ODA A POZO COLORADO

I


Juan I, príncipe de los árboles,

Crecía a la vera del camino, custodiado

Por las mayas que un día ardieron entre quejidos.

Eran los tiempos en que las cotorras

Aparecían en bandadas y graznidos,

Y el Edén aún pervivía en Pozo Colorado.


El hueco de tambor del tronco de aguacate,

El buey que masticaba su soledad,

El gallo doméstico, la guama floreada,

Formaban un cuadro campestre.

El olor a café colado de la abuela,

El manso pilón de moler, el zumbador

En las flores mojadas, el niño sin camisa,

Y la joven con un calabazo de agua,

Era el diario inconsciente de mi inocencia.


Las golondrinas hacían garabatos en el aire,

Y sus pitidos festeros alegraban las matas de cana.


II


La luna corría entre las nubes. Ese extraño huir

De plata deslumbró mis ojos, que aún no pensaban.


La flor de Pascua, que nacía cada año,

Crecía en la orilla de los caminos

Que siguen sin envejecer.


El fogón de leña me enseñó la brevedad

Del tiempo, cuán pronto se consume el más robusto

Tronco o rama seca. Allí, en la cocina, sin saberlo,

Veía al fuego instruir mi razón todavía niña.


En Pozo Colorado aprendí el secreto

De los manantiales, la música verdadera

Que fluía de la tierra. El olor a ciruelas silvestres -el jobo-

Las sombras que cubrían bajo las hojas

Los mangos maduros, pervive aún en la memoria,

En mi olfato, como esencia de un elixir de dioses.


III


El seto de tabla de palma dejaba colar

La astuta luz del amanecer.


Vi a mi padre hacer el nido,

lo vi clavar el futuro,

Cubrir el techo con láminas que refulgían

Cuando el sol las azotaba.


Mi padre contenía en sus labios un silbo largo,

Un rezo que se le iba por la mirada

Cuando escrutaba el cielo al caer la tarde

Con la silla en dos patas.


Yo tan sólo era. Vivía sin más sueño que el de oír

Al carpintero perforar las robustas palmeras,

En cuyo corazón brotaba la vida.


De las quebradas, las jaibas, las rabiosas

Jaibas que vaciaban las orillas del río Dajao.

¿Qué busca la jaiba en la cueva? ¿A qué viene

Ese afán de profundidad? ¿Qué hay

en lo más hondo de la cueva que allí buscan

su consuelo y su descanso?


IV


Las tormentas, los misteriosos relámpagos,

Cuyos fuetes partían troncos y abrían los cielos,

Imponían su imperio en el rural paraje de Pozo Colorado.


Los sembrados de maíz, maní, batata y yuca,

Indicaba cuán fértil y buena era la tierra. El rocío

Alegraba las hierbas que los animales

Comían con alegre voracidad.


Los insectos del campo, felicidad de mi niñez.

En el destello del pozo se bañaban las ramas

Frondosas de los árboles y las arañitas

Patas largas caminaban sin hundirse.


Por las noches, los grillos, los eternos insomnes.

Ah, los cocuyos, almas en pena que rompían

Las tinieblas con sus dos focos del más allá.


Las chicharras agitaban sus maracas

A la hora en que la brisa de adormilaba,

Y el sopor de la tarde tostaba las hierbas.


El campo, con sus secretos, se quedó en mi memoria.

Todo está como en un paraíso encantado, vivo,

Real como una fábula.


V


El ojito de sol que traspasaba el zinc,

Moneda de luz, movediza e inatrapable.


El relincho del caballo, Sacapelos,

El canto del gallo manilo; Cañón,

El perro fiel y cazador de gatos monteses,

La radio de pilas que sintonizaba arenosas emisoras,

El tabaco seco del rancho, era mi reino,

La tierra a la que quiero volver.


Deseo el retorno, el encuentro sincero

Con la quebrada que apenas llora,

Con la cigua que anida las piedras que tiré a su nido.


Quiero el fututo para anunciar mi vuelta,

Mi regreso al Charco Colín y nadar

En su quieto ojo de agua, para levantar

Las piedras de los ríos, para llorar

De alegría como ruiseñor en los naranjos.


VI


Llevo en mi macuto el trueno que desgajaba

La prodigiosa nube, los granizos que caían

Como bolas o canicas, el viento de la tormenta,

El olor a tierra arada, el mugido de la vaca parida,

El raro rebuzno de Milla, que sacara en aparejo

A Tomasa hasta el Molino que, de tan cansado,

Apenas si mueve las alas.


En mi macuto llevo los cuentos añejos,

El ladrido de los perros de caza, a Duque;

La risotada de los peones en el conuco.


Llevo en mi macuto el chisporroteo

De la leña del fogón, el canturreo

De las gallinas ponedoras, las maripositas

A la luz de los pabilos de las lámparas,

El garabato de coger café y el colín temible

De chapear broques.


En mi macuto llevo el sudor del conuco,

El lodo mañanero, el vapor de la leche

En el desayuno. Llevo la lima afiladora,

El grano ansioso de nacer.


Llevo el fuete

Con que Agustín azotaba al buey pinto.

Llevo en mi macuto el maíz en flor,

El tabaco listo para coger, la tierra

Cuarteada por la batata, la amapola colorada,

El racimo de guineo maduro en el arroyo.


Llevo el mango pinto, el vuelo sonoro

De la tórtola y el relajo de las ciguas

En el nido de las palmas.


En mi macuto llevo el manantial de agua,

La tina de Mendre, la conversación del machete

Que desbroza el sembrado; llevo la zanja del arado,

Y el resollar de la yunta de bueyes; el estallido

Del fuete, la mata de palma que retoza

Con la brisa.


Llevo en mi macuto el olor del café tostado,

El brillo azul de los ojos de Honorio y

Su sombrero de aplacar el sol; llevo los nombres

Abuelos, las bendiciones y el “Dios te críe”.


En mi macuto llevo el dolor, la muerte

De mi padre Emilio, el “le acompaño

En sus sentimientos” y el ruido ronco

De la tierra que cayó sobre su cajón

El día de su entierro.


Dios lo resucite, que sus escasos huesos

Se revistan de luz, que su nombre nazca

Como en los conucos el maíz.


Nuestros antepasados han dejado su sangre

En nuestros cuerpos. No han muerto, viven

En nuestros apellidos como la arena en el fondo

De los ríos.


Ellos en nosotros por siempre.


VII


El gato montés, forzado a subir en un árbol,

tenía el espanto en sus ojos encendidos.

Los canes, abajo, azuzaban el terror,

babeante el instinto, desesperada la caza.


Los felinos se repelían, mas se atraían.

Los canes mordían el vacío, agónicos; llenaban

el hondón del monte con su furia desatada.


Arriba el gato alzado prendía sus uñas de la rama,

en un intento desesperado de vencer su miedo,

acumulado en el espinazo engrifado y su rabo combo.


Abajo los canes olían la desesperación gatuna

y aguardaban la hora del desquite. Con sus ladridos

martillaban los oídos de su presa, la cual, al fin,

aventuró la fuga, lanzándose al vacío, mas Duque y Cañón,

al tocar tierra, atraparon al lince con tan sólo una ráfaga

de sus colmillos.


VIII


El charco de agua en el río Dajao

tenía un corchón de hojas mullidas en el fondo.


Los chicos nadaban como peces. Unos

se tiraban como delfines desde las peñas enriscadas.

Sus cuerpos desnudos relampagueaban

cuando, con el salto mortal, vencían la gravedad


El charco era un cajón, un hueco que sólo algunos

lograban travesar de lado a lado, fondeando el turbio telar.


Las sombras de los gigantes árboles refrescaban el aire.

Era la vida en estado puro, original.


Entre gritos y juegos de "panqueos", un niño

aprendía a nadar, morados los labios de frío,

con dos galones flotantes en sus brazos.

El niño supo que podía surcar el agua,

vencer el peso de su sombra

montado a caballito sobre los dos termos

atados a su abdomen.


Había en el Cajón una red secreta, natural, una fábula

para ser vivida y no para ser contada.


El cielo se abrió en el río y mostró su edén más límpido.

Tal vez aquello era la vida del Jardín del Edén.


El Cajón se convirtió así en una alberca para calmar

el sopor de las tardes tórridas.


Allí el tiempo nunca pasó, porque todo era eterno, intemporal.

Nunca Peter Pan ha salido de El Cajón

porque sus sueños flotan aún sobre aquellas aguas

encantadas.


IX


Llovía. Era, acaso, la primera vez que tenía conciencia

de una tempestad.


Los relámpagos abrían literalmente el cielo.

Algunos fogonazos caían sobre los cogollos de las palmeras.

No sabía por qué, pero es bellísimo ver

cómo un rayo se come de un bocado una mata de coco.


Por el estrecho sendero un filo de agua lavaba mis pies.

El barro forjó zapatos pegajosos. Las nubes,

revueltas por el viento y los relámpagos,

se vaciaban sin piedad. Las quebradas

despertaron por primera vez en años.


El cielo y la tierra escribieron en mi memoria

estas celestes travesuras. Y se borraron

las clases de primaria que llevaba

garabateadas en las pupilas.


X


Las cambiantes escenas de la luna, su cara redonda, cada noche

era para mí un banquete.


Cuando no era la luna, las estrellas; las luciérnagas del espacio.

En Pozo Colorado, en las noches de cielo raso,

sus tintineos suscitaban en mí un placer que me unía

al misterio de lo que, sin conocer, admiraba.


Yo no hacía preguntas aún, sólo gozaba.

Tan sólo vivía para la felicidad, porque entonces existía.


Volví a ser feliz cuando la luna ocultó el sol (España, 1995)

totalmente para mostrarme las constelaciones y las Pléyades.

Ellas, las estrellas, brillaron para mí con total fulgor,

tanto que, aunque quedara ciego, las vería parpadear

en su residencia celeste.


Sólo esta vez donde brillan las estrellas, no tiene luz el sol.




sábado 16 de mayo de 2009

INMIGRACIÓN HAITIANA. Opinión.

La República Dominicana, con nueve millones de habitantes, sufre una fobia colectiva a raíz de la persistente llegada ilegal de haitianos. Esto me recuerda la situación actual de España, con alto índice de ilegales de los países limítrofes; y también me trae a colación la problemática migratoria de Norteamérica.

La isla quisqueyana experimenta una ola de inmigrantes de origen haitiano como pocas veces se ha visto y esto, obviamente, tiene alarmados y divididos a los dominicanos. El alarme nace a consecuencia de la innegable presencia de haitianos en numerosos ámbitos y geografía del territorio nacional dominicano. La presencia del colectivo haitiano es notoria en zonas rurales, barrios y urbes.

Lejos de ser una presencia cómoda y aceptada por los naturales dominicanos, ha generado, tanto en intelectuales como en la gente de a pie, una vorágine de críticas que a mí me han resultado alarmantes. Primeramente, el pueblo llano piensa que hay que sacar a los haitianos del país y no razona más que eso. Arguye, además, que molestan y piden demasiado. Las actitudes que con frecuencia se miran hacia los haitianos es de desprecio y, la que más, de indiferencia.

En segundo lugar, hay un sustrato fóbico en sector de la dominicanidad y se trata de la sospecha de una “invasión” bajo el temor de que su llegada masiva se debe a que aún creen que el país, como lo fue en los años de 1822-1844, les pertenece. Eso es discutible, claro. Sin embargo, no deja de llamar la atención este aspecto. En tercer lugar, algunos intelectuales sostienen que sí hay xenofobia y discriminación hacia los haitianos, pero eso es lo menos.

Hay quienes quieren, y lo dicen abiertamente, que los haitianos sean expulsados de la República Dominicana. Los más moderados sostienen que el problema no es la negritud, ni los haitianos en sí, sino la llegada incontrolada, ilegal, de haitianos, cuya cifra, se especula, oscila el millón. Los más extremados llaman a los haitianos “indeseables”, transmisores de enfermedades y de prácticas paganas.

El agudo problema migratorio de Haití es para el gobierno dominicano un gran reto. Se requiere un amplio sentido humanitario y de justicia. El diálogo entre los dos países dará paso a una nueva manera de convivir como vecinos e individuos que se nutren de la misma isla.

viernes 15 de mayo de 2009

FAUSTO LEONARDO HENRIQUEZ, poeta interiorista.

Fausto Antonio Leonardo Henríquez, La Vega, República Dominicana, 1966. Es uno de los creadores fundamentales del Interiorismo, nuevo movimiento literario hispanoamericano.

En su lírica expresa la búsqueda de la armonía interior para canalizar el sentido de lo eterno. Su poesía desarrolla una empatía cósmica con vocación mística.

1. De Claridades.

Sobreaviso

Abre! Abre! Abre!
Cuando llegue la luz
ten abiertas las ventanas
Corre los visos de tus párpados
y abre de par en par puertas y ventanas
para que entre
—no por ellas—
sino por tus ojos
la voz clara del amanecer
No te niegues —luz—
a fecundar la tierra
oscurecida por el tiempo
de estos ojos
que siempre te han deseado
Ven con tu blanca beldad
a deslumbrar esta paz
que invade el alma

Claridades

Luz de mis ojos
dime porqué veo las cosas
desnudas
ellas
desde ellas
transparentes
Luz mía
qué es la luz?
Luz ¿podrías decirme
porqué es blanca
tu mejilla alba?
Estoy dentro de ti
dentro de tu mirada
Por eso puedo ver
todo tan claro

2. De La seducción del aire.

I

«Te digo de verdad que volverán las flores a mi campo»
(S. Cavero).

Hojita tierna,
ven a este reino azul. Ven hormiguita, penetra mi palacio, serás soldado de mi reino, capitán de lo elemental. Ven silvestre flor a reinar en mi reino, pasa del olvido a ser princesa
de mi jardín.
Y tú, espuma perenne del riachuelo,
ven a la fuente de mi reino, y gobierna las sonrisas.
Jilguero, serás músico de cámara en mi reino, lira, boca de oro, poeta o clarín.
Vengan a mi reino los pequeños,
los grandes en pequeñez, los sonoros ecos
de música virgen.


II

«Estoy completo de naturaleza, en plena tarde de áurea madurez»
(J. R. Jiménez)

Todos caben en mi vida. Entren, que mi casa es grande como la claridad del alba.
Mi vida no es mía, es de la luna, de las estrellas, de la calandria o de la cigua.
Aunque es de todos, de nadie, porque es imposeíble.
La doy a todos, como sol que da sus rayos o su calor o su oro o su malva.
No tengan miedo de pasar el umbral de mi casa —alma blanca— pasen, y siéntense
que hallarán hospitalidad en su interior.
El interior de mi casa está ornado con cortinas de amor, alfombrada con perlas de humanidad. Su estantería
mima cerámicas de ternura para dar a las aves
que aniden en ella.


3. De La otra latitud.

Una ardilla en el devenir

Como una ardilla que trepa el tronco del devenir,
ligera y ágil, clavando sus lunas diminutas
y nuevas en la corteza
que sangra recuerdos y reaviva
y crea hojas verdes que el viento celoso
sostiene entre sus manos, así, silencioso,
me siento en esta nueva estancia, al amparo
de una cordillera de sueños.

Traje una guitarra para deleitar mi soledad,
inventar de la nada un ser sonoro,
un llanto de color, un rizo o un iris.
Sí, aquí estoy, con mi instrumento ágil
aguijoneando la blancura del silencio,
tratando de diluir
la nieve con mis palabras.

El fuego arde en mis dedos sin consumirse,
como una hoguera de aceite
por los dioses asistida.

En mi nueva residencia deambulo
tocando el timbre de mi alma
para provocar un río de versos que inunden
el cauce de un rayo de luz, de una mirada perdida
en un pensamiento
o de una ardilla que trepa el árbol del devenir
con rauda impaciencia de serenidad.

La fuga

Son intentos de espantar la sombra de mi cuerpo,
mantra oscuro de arañas perdidas, las olas del aire.

Los cláxones de los taxis ensordecen
la luz argentada de mi alma esclarecida.

Huyo perseguido por los rugidos
de la ciudad felina, atacado y herido
por las dentelladas de la niebla.

Huyo hasta donde el roce de la soledad
me tranquiliza y me trae jarros de paz como de agua.

No viajo hacia la nada porque es el sin sentido,
voy hacia el fondo claro de la plenitud,
al encuentro de mi Alfarero.

El sueño de leonardo

Desperté en un mundo
donde no oía el ruido arenoso
de los carros, lejos del mudo y grotesco
tambor de la violencia.

Vi el cielo abierto como un túnel iluminado
por el cual entraban,
vestidos de blanco, silbando, los lirios.

Cuando entré en un clima sobrenatural
tocaba mi piel y la sentía como de aire,
y al hablar no hacía falta la voz,
sino la mirada
y la sinceridad del cristal desnudo
del alma rutilante.

Vi, además, que desapareció la edad en todos
los seres eternizados por la Vida.

Deseé quedarme en aquel alegre Apocalipsis
pero una fuerza de gravedad, como a Ícaro,
me devolvió a la materia.

Ser urbano

La tenue luz de la farola,
sumida en la tristeza, la
soledad y la nostalgia, evoca
otra luz de otra especie, en
la cual las mariposillas que
se calientan en su entorno no
serán sino palabras aladas,
signos como libélulas de sueños claros.

En la calle, en cambio, el rumor
de los vehículos es el alma urbana
que plañe tras los muros de papel
del devenir verde.

Como ser de ciudad, oteo en la
noche con ojos de búho el paso
sonoro de una sombra que está
escondida más allá de la tenue
luz de la calle y el rumor de los carros.

Adoración

En el patio, contemplativo,
el árbol mira la cruz de la
Iglesia.

Cada día vengo a escuchar
sus elegías ocultas entre
los follajes; a ellos viene,
por las noches, beoda, la taciturna
claridad urbana, pidiendo asilo.

Doy fe de que mágicos
cuerpos alados, de rodillas,
se han transformado en eco
o en litúrgicos rezos de luz.

He visto tórtolas besando
religiosamente el suelo,
adorando la cruz de la Iglesia.

Nostalgia

Hoy ha vuelto a llover
con cálida y religiosa parsimonia.

Pardas las nubes
que se deshidratan,
encapotan el cielo escondido.

La lluvia se desliza como un
suspiro al ras de las hojas
y evoca una nostalgia
de divinos e irisados
sentimientos.

La mente piensa
en otros espacios creados
expresamente para trascender,
piensa en lunas que giran
en torno al alma, en mares
donde la palabra sea pez o
en la infinitud
como tiempo sin fronteras.

La lluvia empapa mi vida.


4. De
Ínsula Presentida.

82

Se deslizó como agua
Hasta poblar la atmósfera con su omnipresencia.
Su celaje aturdía el paso
Y en cada puerta un ángel aguardaba.
La realidad era impalpable.
Fui atraído por la fuerza de un beso.
El mundo en su adolescencia,
Empezaba a ser consciente de sus límites.
La noche rompió su madeja
Y abrió para mí sus puertas.
Aquel ser se desvaneció ante mí
Dejándome el sabor amargo
De la caída.

76

A ti, luz sin llanto ni maldad,
Te abrí mi casa. Quédate y abre
Las ventanas. Mañana, cuando decidas
Irte con tus pies albos, avísale
Al leve viento de la arboleda, que sueñe,
Que tarde en venir.
En ti yace el fin como plenitud de río.
Estate aquí, en esta casa de absoluta quietud,
Para que nos descubran asidos al infinito, al pan,
Las libélulas

71

El cielo se derramó sobre la tierra,
Y calmó sus poros sedientos.
El sosiego vino al inquieto barro
Que mis huesos amarran.
Hoy he sentido renacer la luz;
El Edén, enérgico, nuevo.
Retorno al lecho de la noche,
Húmedo de cielo
Y retoñado de olivos.

63

Te hablo desde este altar en llamas.
El incienso te busca. El fuego inconsumible
Arde en mi gemido.
Zarza que devora en mis entrañas
Noches aún niñas.
Belleza, revelas la eternidad en los abrazos.
¡Muero en llamas, retenme en tu velo!

59

Por mi humanidad sube un dolor
Que estremece mi casa.
Me retuerzo como el mar, como serpiente.
Oh dolor, ¿cuándo anclaste en este puerto
Y te quedaste ahogando mañanas?
Se agotaron las lágrimas,
No amanecen los hospitales.
Desciendo al útero donde el barro
Fue vida. Mujer infinita, en la humedad
Intemporal de la matriz
Engendraste el sacramento, el llanto
De la carne que tiembla,
Dile a mis pies que regresen
Al agua transparente, a la antigüedad
Esencial de la luz.

53

Las paredes amortajan
La oscuridad en que me hallo. Es frío
El abismo de la muerte. La nada
Me perfuma. Un lienzo envuelve
Mi esperanza. Palpo mis gusanos.
Muere la muerte. Madrugada,
Rumor de ángeles.

39

Nos asalta la noche.

No sé cómo puedes andar
Sobre espejos. Nos confunde el mar.

He hallado, aquí en este valle, un espacio
Para las cavilaciones.

Hilvano eternidad,
Huérfano de aguas más hondas,
Y profanado de umbría
Soledad.

Reclamo el barro húmedo
De la infinitud, vientos
Caídos de corceles de niebla.

Mis ojos gravitan, sacudidos por la noche,
En un orbe increado.

________________________
Bibliografía activa: Claridades, Valencia, 1994; Sucesiones, Valencia, 1995; Las seducción del aire, San Pedro Sula, Honduras, 1999; La otra latitud, R. D., 1999; Muestra Poética (autores hondureños), San Pedro Sula, 2002; Ínsula Presentida, San Pedro Sula, 2004. CriticArte, 2006 (Revista).
Bibliografía Pasiva: Josefina Victoria Ribes: Revista Corondel, Nº 1, Valencia, España, 1995, Pág. 14. Amigos de la Poesía, Revista Primavera, 1995. Pág. 15. Bruno Rosario Candelier: El Interiorismo. Ateneo Insular, R. D., 2001. B. R. Candelier: La creación cosmopoética. Academia Dominicana de la Lengua, 2005. B. R. Candelier: El Ideal Interior. Ateneo Insular, R. D., 2005. Azucena Gutiérrez Pacheco: La seducción del aire, una visión mitopoética. (Prólogo). A. G. Pacheco: Lecturas y estilos de varios textos literarios. Litografía López, Tegucigalpa, Honduras, 2005. Maira Espinal: Estudio onomasionlógico y semasiológico a Ínsula Presentida, San Pedro Sula, Honduras, 2005. Frank Martínez: Juego de imágenes, Ed. Hojarasca, R. D., 1995.

Bibliografía Internet
http://www.estandarte.com/critica/mensajes/500.html
http://www.palavreiros.org/festivalmundial/repdominicana/faustoleonardohenriquez.html
http://www.laprensahn.com/opinion.php?t=1158818400
http://espanol.groups.yahoo.com/group/abecedario/message/7103?viscount=100
http://www.escritoresdominicanos.com/recientes4.html
http://www.geocities.com/letras_salvajes/N12-13.html
http://www.listindiario.com.do/antes/agosto06/030806/ventana/ven2.htm
http://groups.msn.com/ElPatiodelasCayenas/comentarios.msn
http://www.elheraldo.hn/nota.php?nid=44800&sec=10&fecha=2006-01-23
http://www.yoescribo.com/publica/comunidad/autores.aspx?pag=2&letra=l
http://groups.yahoo.com/group/christorly/messages/1?viscount=100
http://es.groups.yahoo.com/group/elfausto/message/4341?viscount=100

jueves 14 de mayo de 2009

JAIME TATEM BRACHE, poeta interiorista.

Jaime Tatem Brache, Salcedo, República Dominicana, 1962. Su creación lleva, fundamentalmente, el sello de lo telúrico y lo metafísico. Poesía con fuerza, hondura y al mismo tiempo sincera, sin pose.


Brache puja por alcanzar la permanencia de los seres, los reales y los intangibles, los de la memoria. Sus visiones lo catapultan en cada rincón de la imaginación, porque la realidad que quiere permanezca trasciende los límites de la inmanencia, y lo único que queda de su lucha interior es una pira de imágenes que nos acercan a sus vivencias más entrañables y profundas.


Las visiones y los sueños


Vengo de la noche

y aunque imperfecto mi llama no cesa

Oh te has marchado

y no sé qué cielos e infiernos

pueblan tus pasos

y tu voz

y tu estatura

que son los míos sin serlos

Mas estás aquí

para siempre prisionero dentro de mí para siempre libre

tú que nunca has sido y eres desde siempre

Ay si yo pudiera extinguir la ausencia

Sin embargo

la brisa me deja oír colores dulces

y evoco el tiempo en que desde antes de los tiempos

te vieron mis ojos cerrados entre lirios y céfiros blancos

Y después hubo gritos de pies torcidos

y entre rayos y esferas entregué al mundo

las visiones y los sueños

Eras mucho más que el ser

y yo era nada

Y de pronto fue luz

y comprendí haber sido desde siempre

y brincaron los peces en las aguas

y corrieron los pájaros por el aire

y los pueblos fueron en luces y en colores

Ay pero he aquí creciendo voces demonios fantasmas

y un vientre de sombras amamanta al mundo

y llueve fuego

y siete cabezas danzando

y hormigas mongólicas tiritando de hastío

y en las páginas crecieron cascadas infinitas

de letras y de muertes

y de la Historia el gran charco de sangre

sonríe nuevamente en el más oscuro espacio de luz

De mis huesos

ha de nacer un día la tortuga amada de la redención

y el mar volverá a la higüera

donde desde siempre reposan la sal y la blancura

Oh nunca te has ido y estás ausente

Ho nunca has llegado y estás siempre

Obstinado cascarón de intermitencia

tan fuera del tiempo como tu madrugada

Giro en la vida y en la muerte

y en mi ciudad de pétreas calles

y árboles con avenidas como lápidas colectivas

Extraviado en mí mismo estoy extraviado en ti

En la Tierra crecieron mis sueños y mis quimeras

Sangrando he tratado de domar los días y las noches

y en el silencio gritaron tus manos mi presencia

Sigo sin saber quién soy y en el esfuerzo se me va la vida

¿A quién debo pedir no caer en el abismo?

¿A quién debo pedir salir del abismo?

¿Dónde estoy?



Universo


Aquí vivo con todos mis fantasmas

A veces nos estorbamos

y nos miramos los ojos espejados

Ya no sé si son ellos los que me atormentan

o si soy yo quien no los deja en paz

Ellos tampoco lo saben

y aquí están conmigo

Son milenios de asombros enardecidos

Son vidas de desdoblamientos sin fin

Es probable sean ellos mayor realización

Quizás yo soy el fantasma

y ellos los hombres crepusculares

A lo mejor al principio me vieron como a una criatura extraña

Así los vi yo

y aquí estoy con ellos

Aquí sin estar estamos

Aquí vivimos sin vivir

y viven su muerte como un vértigo de guerra y paz

principio y fin

luz y tinieblas

y agonías

Aquí las cosas son lo que son

y son nada

Aquí la luz es luz porque la sonrisa

-esté o no esté en las sombras-

es la continuación del llanto.



Imágenes de la muerte


Los oigo claramente.

son los fantasmas y su voces.

Los fantasmas que han regresado

(si es que alguna se fueron).

Los escucho,

con nitidez los palpan mis oídos.

Veo su canción y su quejumbre.

Sé que sufren y acaso pretenden asustarme,

tropezando por la casa que la noche habita.

Sus pasos,

hechos sombras,

vienen y van

como quejidos que pasean por el aire.

Veo su resplandor celeste,

su celaje,

sus ojos en la oscuridad:

oquedades de la sombra en que me pierdo.

Cuando reacciono

(¿ha pasado el tiempo?),

ya no soy el mismo.

algo,

alguien

-que no soy yo-

vive dentro de mí.

Soy la casa donde habitan los fantasmas.



Biografía espiritual de la madrugada


La lluvia camina sobre el zinc

y en una madrugada sin tiempo

(o en un tiempo sin madrugada)

soy uno y tres desdoblándome hasta el infinito

Renazco en un libro de páginas intermitentes

y deshago una llanura en cumbre

y la cumbre amamanta al mundo

y su leche es fuego de miel feroz

Se libera mi espíritu silvestre

Soy un águila de nubes

Veo gente

flechas

descubrimientos

conquistas

colonizaciones

y noches de hendijas luminosas

y leones de fuego abriendo girasoles de ausencias

llamadas y terrores

desembarcos y devastaciones

ojos caminando en el nido del abismo

y un hombre escribiendo un libro

un biografía espiritual de la madrugada.



Tríptico de la lluvia


(I)

Ese sonido

-silencio de la eternidad-,

es el sonido de la lluvia cayendo sobre el mundo.

la lluvia confundida con la lluvia.

La lluvia caminando sobre el zinc.

La lluvia tocando los árboles

como puertas verdes y amarillas.

La lluvia aturdida con los sueños.

La lluvia dando de beber a la tierra

y a las piedras

y al asfalto.

La lluvia paseando por los caminos de tu voz.

La lluvia preguntando por los que se han ido

y, sin embargo, permanecen.

La lluvia erizándote la piel…


(II)


Ese sonido

-silencio de la eternidad-,

es el sonido de la lluvia cayendo sobre el mundo.

Cierra los ojos y escúchalo,

siéntelo,

porque esa lluvia cae dentro de ti.

Está cayendo en tu ayer

y en otro espacio.

Y te ves en el tiempo,

bajo otra lluvia,

donde,

como ahora,

truena,

relampaguea,

sopla el viento,

y escuchas la voz de tu madre

que temerosa cubre los espejos.


(III)


Ese sonido

-silencio de la eternidad-,

es el sonido de la lluvia cayendo sobre el mundo.

La lluvia regresando desde el tiempo.

La lluvia palpitando con la vida.

Oh, la lluvia hablándote de amor.



Anagnórisis


El silencio te llora en mí

desesperado

Y el vacío que deja la rosa

cuando se va para jamás volver siempre volviendo

se ha alojado en el largo y borrascoso camino de mi frente

se ha alojado en mi pecho

se ha alojado en mi cuello

se ha alojado en la tarde muda de campanas

y en los rulos del patio

y en el ciruelo y la pocilga

Se ha alojado en la luz intermitente de estos signos

y en las noches del barrio

Ay del barrio en que no estás

O acaso mora tu voz por sus calles solitarias

O acaso mora tu espíritu en los anaqueles de tu voz

Oh tu voz precipitada por las lomas

como si el cielo llorara con Salcedo

donde todos los días del mundo fueron necesarios

para tu noche

la noche de mis noches

donde ya no tienes tiempo

no tienes espacio ya

y eres nuevo en cada tiempo y cada espacio

El silencio te llora en mí

desesperado

y en el arco iris que nace de tu oscura mansión de luz

donde fuiste estrujado por la tierra

donde el cosmos ha venido a visitarte

principio donde despierto al fin

te sabes de Dios un sueño amado

y esperas la paz que te traerán las lluvias

Oh soberano caballero de los vientos

ahora somos inmortales

Tú en mi muerte

yo en tu vida.



La casa vieja


He vuelto a la casa.

La casa que está sola.

La casa que agoniza.

Ay, cómo envejecen las casas sin sus fantasmas.

El deterioro cae a una velocidad asombrosa

y lo que fue un patio

ahora es una bruma

que clausura puertas y ventanas.

El techo se hunde.

Las aldabas,

las trancas

y las trabitas

se caen como dientes podridos y hastiados.

Las paredes se ladean.

Los cimientos agonizan.

La luz se hace escasa.

Y aunque hay silencio

-producido por una lápida

abandonada en el cuarto de atrás-,

se oye un rumor,

un grito,

un llanto.

Es la casa que agoniza.

Es el estropicio y el adiós…

pero dentro de mí

-muy dentro de mí-

está la casa intacta.

La casa de la luz.

La casa del amor.

La casa de la vida.


Bibliografía activa: La otra cara del sueño, (cuento) Cocolo Editorial, Santo Domingo, R. D., 2004. Rituales de la lluvia, (poesía) Editorial Letra Gráfica, Santo Domingo, R. D., 2005.

Bibliografía pasiva: -Pedro Camilo: El don preclaro o la otra cara del sueño (I), La Prensa, Año 2, No. 18, Octubre-noviembre, 2005: 33. -Pedro Camilo: El don preclaro o la otra cara del sueño (2), La Prensa, Año 2, No. 19, Noviembre-diciembre, 2005: 33. -Francisco Comarazamy: Rituales de la lluvia, Listín Diario, 9 de mayo, 2006: 8. -Manuel Salvador Gautier: Emociones compartidas, Mythos, Año VI, No. 29, Abril, 2006: 15-16. -Manuel Salvador Gautier: Jaime al descubierto: La expresión íntima en el libro de poemas Rituales de la lluvia, de Jaime Tatem Brache, Editora Búho, Santo Domingo, R. D., 2006. -Manuel Salvador Gautier: Tríptico Emocional en Jaime Tatem Brache, Vetas, Año XIII, No. 76, Mayo, 2006: 32-37. -Alejandro González: Los rituales de la lluvia, El Caribe [Cmás], 15 de enero, 2006: 8. -Mariano Lebrón Saviñón: Los cuentos-poemas de Jaime Tatem Brache, Buena Lectura, No. 19, 2004: 7. -Alfonso Quiñones: La otra cara del cuento, a propósito de un libro de Jaime Tatem Brache, Diario Libre, 8 de junio, 2004: 17. Bruno Rosario Candelier: Jaime Tatem Brache, en El Ideal interior. Ateneo Insular, Moca, R. D., 2005: 249-252. –Bruno Rosario Candelier: La creación cosmopoética: El sentido cósmico y el sentido estético en la creación poética, Editora Búho, Santo Domingo, R. D., 2005: 527-549. -Bruno Rosario Candelier: La lírica nostálgica de Jaime Tatem Brache, Global, Volumen 2, No. 7, Octubre-diciembre, 2005: 10-21. - Bruno Rosario Candelier: Los mini-cuentos de Jaime Tatem Brache, La Prensa, Año 2, No. 24, Abril-mayo, 2005: 33. -José Rafael Sosa: RD tiene nuevo cuentista del instante, El Nacional, 12 de junio, 2004: 6-A. -Avelino Stanley: Los cuentos cortos de Jaime Tatem Brache (1), La Prensa, Año 2, No. 21, Enero-febrero, 2005: 33. - Avelino Stanley: Los cuentos cortos de Jaime Tatem Brache (2), La Prensa, Año 2, No. 22, Febrero-marzo, 2005: 33. -Avelino Stanley: Los cuentos cortos de Jaime Tatem Brache (3), La Prensa, Año 2, No. 23, Marzo-abril, 2005: 33.


Bibliografía Internet: http://www.funglode.org/FunglodeApp/ArticuloDeta.aspx?ListId=225

http://www.geocities.com/peanca_us/index.html

http://eldia.com.do/8055.aspx#

http://www.listindiario.com.do, junio, 2004

http://elcaribecdn.com, 17 de octubre, 2006.

http://www4.loscuentos.net/cuentos/link/191/191473/

http://intramel.splinder.com/

http://elnacional.com.do/app/article.aspx?id=45975

http://www.listin.com.do/clasificados/cuerpos/vida/vid13.htm

miércoles 13 de mayo de 2009

JUAN MIGUEL DOMÍNGUEZ PRIETO, poeta interiorista. España.

Juan Miguel Domínguez Prieto, Madrid, España, 1963. Gracia, profundidad, goce interior, fruición espiritual y deleite del alma, entre otras cosas, son parte de las vivencias nuestro poeta quien, con un castellano culto y diáfano, nos comunica con la fuente misma de lo Divino.

Domínguez Prieto, que empalma con la mística hispánica, se distancia de la Poesía de la Experiencia de los 90 en España -antítesis del la Poética Interior- y recupera la mejor tradición de la poesía mística. Con este poeta, el Interiorismo, en su búsqueda de la trascendencia, llega definitivamente a su madurez y consolida una de las vertientes más importantes de su ideario –y la más escasa entre sus cultures-, esta es, a saber, la mística.


Hacdamáryam (Fragmentos)

Tú eres la oquedad acogida de un desierto, gracia de Cedar. Yermo que fructifica, Egipto que resbala. Eres y eres el agua en el lirio nacido llorando de Cedar.

I

Beso y beso, en la amanecida, al Cordero en mi indigencia virgen. Son cantos lo que canta para mí al pronunciarme hermosa: accede, Hermosa, a la dulzura; en la ventura escóndete de los trigales hechos; y soy perseverante en mi amor por ti. Y dice: corderuelilla, ah, estar yo con el tú que eres bajo el árbol, con jalea, en la boca, y destilado festivo de cerezas, vino puro y entrerrosas de aguardiente, libre y libre, al rayar la luz.

II

Al igual que tu corazón de él, de él no se separarán los pájaros de tus brazos –siete veces blancura sobre blancura-, una enamorada y quieta forma de árbol de David.

III

Canto de Maryam, de la clase ínfima: en gratuidad, leo los añiles en los ojos –collar para lirios- del Dueño de mi Casa. Y soy los añiles de la tarde.

IV

Te hermosea el Espíritu, Lirio blanco, ¡ea!, Pequeña Hermosa, Mañana de Domingo, Vacío que suavemente hace llover a Dios. Lees palabras de algalia en el aroma del agua. ¿No escribes también el vaso de nuestro día?

V

Bendita, la que reposa de confianza en el señorío de Dios. No hay días iguales, pero su corazón permanece como un sabbat, en una esencia de sosiego mañaneando su dulzura frutal y mesembrina. Toda ella será mirada de Tiberíades, la inteligencia del agua. Un lienzo que se seca al aire será una cripta de sol en ciclo entero; y un brote de isla esconderá las estaciones. Como hilos de azahar aliviando cargas de vida cuando se huelen a su hora, como huésped de sequedales que manan, de la vasija de su silencio cantable, dará a beber al sediento la lluvia. Y hasta el ocaso, será proclamada bendita en cada generación.

VI

Desnuda de tu fuego viniste, de vino, a tu Esmirna. Pero eres el vacío
Dejado por el ángel.

VII

Te hermosea el Espíritu, Lirio blanco, ¡ea!, Pequeña Hermosa,
Mañana de Domingo, Vacío que suavemente hace llover a Dios. Lees
palabras de algalia en el aroma del agua. ¿No escribes también el vaso
de nuestro día?

VIII

¿No es el agua lo que encanta? No; sí, que tú, pura, sacas el
abrevado silencio. Con la izquierda, suavidad; aire, de lo oscuro.
¿Para qué? ¿Para quién? Si una pequeña agua alaba en su nada, ¿no
alcanzará, por más, con tu palma, corona de perfume?

IX

Tú eres la oquedad acogida de un desierto, gracia de Cedar. Yermo
que fructifica, Egipto que resbala. Eres, eres el agua en el lirio nacido
llorando tu Cedar.


Anástasis

Corre Israel al agua prometida
de tu piel, en la llaga que te nace.
Esposa llamas, recental que pace,
al que bebe el reposo entre tu herida.

Se sacia de tu claridad nacida:
tú abres agua a la esposa y se complace
porque bebe la luz y en ti renace,
Kyrios y Esposo, Luz, Cordero y Vida.

Amor que transfigura la fontana,
tu nombre sabe en agua la mañana,
gozoso de rompiente y de afluencia.

Amor que a la fontana da abertura,
tu misterio de llaga transfigura
agua y sed en persona y transparencia.


Icono en el Jardín de Arimatea

De pronto, todo es agua y es temprano
y es sol el agua y eres tú la fuente.
Todo es temprano y agua de repente,
y te fluye el Tabor entre la mano.

Es todo transparente y todo humano,
todo piel de la Luz, tempranamente,
para llevar tu nombre entre la frente,
para manar…
Debajo del manzano

te desperté,
entre la piel manada.
Es del agua tu nombre, desposada,
del árbol recental de la inocencia.

…Y es agua todo y boda y es mañana,
y la novia se viste donde mana
la fuente antes del sol, su transparencia.


Mujer del sol vestida

Las manos en la Luz parecen cinta
de agua que a la mañana dieran cauce.
O escabel, porque su alba se descalce
por tierras de tu piel en agua encinta.

Toma tu vientre forma de caricia
al tacto de tus manos manantiales.
O de planeta de agua, en esponsales
del Sol que estás manando y te solsticia.

Tu palma, que es Jordán acariciado
por la Luz en tu seno pensativa,
agua del Sol para agua del costado,

abre intacta y pensante la mañana,
alegra, ríe, corre al salto y mana
agua del Sol con tempo de agua viva.

Descendimiento

Busco la fuente que tu piel desposa.
Hay un salto, en la llaga, de agua viva.
Tu paso de Betania pensativa
hace a la tierra recental y esposa.

Mansa la llaga, el agua te rebosa
porque salte de transparencia arriba.
Mas todo es manso entre tu piel votiva
y tu paso en la fuente se reposa.

Bebo en la antigua unción la nueva fuente.
Agua donde beber reminiscencia.
Aún tu paso, Luz, está reciente

de Betania, porque la llaga alumbre
la transparencia de la mansedumbre,
la mansedumbre de tu transparencia.

Virgen de Damasco en Malta, s. XII

De fresca y natural, acorde al aire,
se trae los nuevos cielos tu mirada,
se pierde por la Luz que no creada
aire quiere y cristal a tu socaire.

Donaire de la Luz respira el aire
en tu cara de rosa rehabitada.
Tú miras como el ala evaporada:
más cerca de la Luz, más en el aire.

Alcanzas tú la sed de Quien te habita
y pace por tu rostro, y él le avala,
y su agua da a tu piel y te visita.

Y aun subiendo a la sed que al agua cala,
reposa su venero en voz no escrita,
y eres sala de Sol con aire de ala.


Anunciación

(Icono ruso. Finales del s. XV.
Galería Tretjakov de Moscú)

Se para, cuanto es vuelo, en tu postura,
buscándolo más grácil, sin huida.
Dispones, toda fuente recogida,
la sed que alcance el salto y la frescura.

Vestida de nueva vestidura
de piedra esbelta, de agua de la Vida,
entre tu quieta inclinación anida
el vuelo de velada arquitectura.

La inocencia construye la manera
de mirar ya a la luz sin que te hiera,
de alcanzar, descendido, lo que se alza.

La inocencia se esconde transparente:
tú lates y pronuncias –doblemente-
la palabra más fresca y más descalza.

Tercer Misterio

En lo escondido
descalzo la mente sobre una hoja
y alguien escribe en sus nervios,
lejos de las ciudades.
A Ti
extramuros de Jerusalén
sobre hoja de tilo.


Quinta condición del Pájaro Solitario

Hermoso de los hombres,
¡Hermoso y Sellado!

Con miel de brezo,
brízname
Úngeme
con miel de ürce
negra
de tus blancuras.

Ay,
oírte el paso
y tu sonido ver,
como cordero abajo,
arriba, como cierva,

Hermoso de los hombres.

Los trabajos de la tierra

…Díjome que uno de los trabajos mayores de la tierra
era el que había padecido, que es «contradicción de buenos»…
Santa Teresa (de San Pedro de Alcántara)

El bendito fray Pedro, hecho de raíces…
Santa Teresa de Jesús

...mosto de granadas
San Juan de la Cruz

Una zubia de sangre de granada
deslíe amor en talle.
Le oscurece
a juntura de Luz.
Él permanece
de raíz en raíz sin que se evada.
Le dan alto.
Lo maceran con cada
albor,
con un atisbo que parece
la hermosura.
Pero le prevalece
sü Agnus entrañable entre la nada.

De ün sangrar que almizcle se derrama,
respira Dios por su anihilamiento.
Y él lo inhala y lo exhala en el delirio
de saber que es temprano,
que hay ungüento;
contradicción de buenos, pero lirio;
sequedal de los santos, pero Llama.



Bibliografía Activa: Iconos del Agua Viva –sonetos- (Prólogo de Francisco Garfias). Nossa y Jara, Editores. Colección Creadores, nº 13. Madrid, 1996. Noite Escura de san Juan de la Cruz (traducción al gallego del original del Doctor místico). Nossa y Jara, Editores. Madrid, 1998. La víspera, el paso y la memoria (poemario). En Rev. «Piedra del Milano», nº 5. Asociación Cultural Huetos. Guadalajara, diciembre de 1997. A Área de Relixión na LOXSE. Galicia (Traducción al gallego del original castellano de Mª Jesús Bescansa y Carlos Esteban). P.P.C., Madrid, 1999. Traducción al portugués de la obra de Carlos Díaz Diez palabras clave para educar en valores. Fundación Emmanuel Mounier, Madrid, 2005. Los poetas del silencio. Antología viva y confidente de la inspiración poética. Ediciones Adamar, Madrid, 2006.

Bibliografía pasiva: Xosé M. Domínguez Prieto: A gónica palabra estremecida. Diario «La Región», Orense, España, 16 de enero de 1994.- X. M. Domínguez Prieto: Aloumiñar na palabra (sobre algunos versos de Juan Miguel Domínguez Prieto; y con reflexiones acerca de su creatividad interior). Diario «O Correo Galego», Suplemento Lecer, XX. Domingo, 20.II.1994.- Luis Vázquez Fernández: Acuse de recibo de Iconos del Agua Viva. En Versos dispersos, Madrid, Parnaso, 1996, pp. 112-116.- Santiago Barra Toquero: El Espíritu liberado. Suplemento de Cultura Flores y Abejas, Bisemanario «El Decano de Guadalajara», Guadalajara, España, 27 de octubre de 1998, p. 3.- José Manuel Domínguez Prieto: Xoán de Liñares. Sección Indo ao celme, Diario «O Correo Galego», Santiago de Compostela, España, 10 de enero de 1999.- Noite Escura (Reseña), Revista Eidos do Libro. Revista Galega do Libro, marzo de 1999, p. 65.- Engracia Vidal Estévez: San Juan de la Cruz: Noite Escura (Recensión), en Encrucillada. Revista galega de pensamento cristián, nº 112, / volumen XXIII, marzo-abril de 1999, p. 199 / 95.- Inmaculada Álvarez Pedreira: San Juan de la Cruz y Puenteareas (comentario a la versión gallega de la Noche Oscura de san Juan de la Cruz realizada por Juan Miguel Domínguez). Revista Pregón, Vigo, España, Junio de 1999, p. 45.- Dora Vázquez Iglesias: Unha poesía case sacral. Sección Ronseis, Diario «O Correo Galego», Santiago de Compostela, España, 3.II.2000.- Alvarado: Iconos del Agua Viva (Sonetos de Juan Miguel Domínguez Prieto). Sección Libros, Diario «La Región», Orense, España, 4 de mayo de 2001, p. 26.- María Cruz Garrido Linares: Ventana literaria. Revista Adarve, nº 609, Priego de Córdoba, España, 15 de octubre de 2001.- Manuel Cabrero: Juan Miguel Domínguez Prieto, exquisita vena espiritual. Serie Getafe sus Escritores, XIII, Semanario Acción Getafense, Getafe, Madrid, 1º de noviembre de 2001.- Cristina Amenedo: La astilla. Diario «El Correo Gallego», Santiago de Compostela, España, 20 de junio de 2003.- Cristina Amenedo: Juan Miguel. Diario «El Correo Gallego», Santiago de Compostela, España, viernes, 5 de diciembre de 2003, p. 4.- E. C.: Juan Miguel Domínguez, poeta afincado en Guadalajara, premiado en Celanova (Orense). Suplemento Cultural La Colmena, Diario «Guadalajara 2000», Guadalajara, España, 13 de agosto de 2004, p. 2.- Bruno Rosario Candelier: La voz ideal que nos trasciende, en El Ideal Interior, Moca, Ateneo Insular, 2005, p. 135.- Cristina Amenedo: Se llama Juan Miguel. Diario «El Correo Gallego», Santiago de Compostela, España, 31 de marzo de 2006.- Bruno Rosario Candelier: El ánfora sagrada de Juan Miguel Domínguez Prieto. Colección En el Ameno Huerto Deseado, nº 57, Ateneo Insular, 2006.- Figura con prosas poéticas y poemas en verso en Cuéntame, Ediciones Acumán, Toledo (España), 2003; en Oficio de brevezas, Colección ‘Solidaridad’, nº 19, Ediciones Acumán, Toledo (España), 2004; en la Antología poética Los cuatro ríos del Edén, Imp. Torres, Toledo (España), 2004; en la Antología poética del Almuñécar Club de escritores y poetas marineros, Almuñécar, Granada (España), 2004; en la Colectánea A Virxe da Armada no pensamento dos poetas e literatos, Diputación Provincial de Ourense, Orense (España), 2005.


Bibliografía Internet

http://www.adamar.org/poesia/000255.dominguez_de_iconos_del_agua_viva.htm

MARÍA DE LOS ÁNGELES LÓPEZ ALFARO, poeta interiorista. Honduras.

María de los Ángeles López Alfaro, Santa Bárbara, Honduras, 1945. La nostalgia del paraíso perdido, originario, es una constante en la creación de esta mujer hondureña. Hay, también, en la obra de López Alfaro una impronta metafísica que, a su manera, logra exponer en versos diáfanos.

En su búsqueda interior sintoniza con lo espiritual. El influjo de la naturaleza es tal en la poética de nuestra creadora, que gracias a sus efluvios y dictados, pergeña sus mejores versos. La lírica de López Alfaro, sin duda alguna, apunta a la realidad trascendente.



Primitiva sombra


La sombra se adensa en su misma sombra

buscaba un aposento

para regocijar sus ojos

el aire en la oscuridad

le dilata su compás

y le derrite la niebla

para besarla

Un cielo desnudo

se le derrama

como marea cósmica

en la llovizna de tiempo

adormeciéndola

para regresarla

a su primitiva sombra.



Nido


El nido está en silencio

se anticipó la tinta

de la tarde con su densidad

por el mutismo de la espera

el olor de pájaro

le aumenta la ausencia

que le consume

y más viendo la rama

que le jadea la intimidad

como oleaje

que se acerca y es distante

el viento para consolarlo

le silba

y le esparce las huellas

con el calor del ausente

y hay una población

de hojas solidarias

aguardando el retorno

con la ansiedad

de lirio junto al río

cuando se aleja de él,

el agua.



Sueño


Cerrada la noche

una voz sin materia

me despierta

acarrea un espacio abierto

con auras que hacen

brillar mis manos

y que van hundiéndose en la intimidad

de mi ser

haciéndome pasar de gozo

a otra estación de sueño



Delirio del río


El río ahonda

en su misma profundidad

mira las piedras

que mudas

permanecen

calcando las huellas

del agua

escucha los murmullos

que lo inducen a una claridad

donde brota un salmo

que fluye

hacia el desfiladero

de su origen

abandonándose

Al fin emerge con el canto

saciado de azul

ante el asombro

de los nenúfares

que se reflejan

en él alucinados.



Huye barranco


Huye barranco de ese olor a escombros

a marejadas de rocas

que se precipitan en tu horizonte incierto

con puñales que aumentan el mar de la angustia

Los pájaros resucitan

las fábulas que has grabado en tu pendiente

con el filtro de la montaña y del río

ya no estarán los fantasmas

que agitan los pañuelos negros

con risas de espanto

Viene otra estación con risa

para los encorvados cipreses que te rodean

vivirás en la otra orilla

sin el horizonte inhóspito

que te hace dormir despierto



Éxtasis


El espacio está abierto como ventana

Mi peso es ligero como página blanca

La intimidad cósmica de la noche si grito

de la penumbra

rompe los pilares que aprisionan mi existencia

arribo al espacio como un ícaro seguro de sus alas

quiero encontrar la ruta abstracta

que acalla el estallido del rayo

Mi ser se hundo en la masa del éter

la baña un océano de luz

Una belleza infinita se conjuga con un palpitar

de eterna esencia

el amor de humanidad se acrisola

con el canto místico

que la redime del barro

No siento mis alas

hay un alba de silencio que es un sol de espera

un desmundo que deshoja el misterio

del divino aposento

Una música celeste hizo eco en el mar

esa aura azul ungió a los lirios

y besó mi sueño.



Una voz


Es una voz que empuja mis pasos

diciéndole a mi corazón que ande

mis ojos se van con la penumbra que se pierde

y mis sienes se encierran en el calor del aire

Es una voz de fuego

es una voz de amor

que besa mi piel de lejos.



Memoria de pájaro


Qué hacer con el eco de la distancia

que ensordece mis oídos

y palmeras que se deshacen

antes de que el mar brise su oleaje

el sol duerme en las piedras

la oscuridad las esconde

y la tormenta arrecia en mi garganta

por la agonía del mar que muere cada noche

Es inútil la espera

mis manos no poseen más nada

esta noche será larga

nacerá para quedarse y moriré despierta

pensando dónde poner mis ojos

que los evade el cielo

dónde escuchar la canción del linaje del agua

que aclama el camino de la fuente

No me da miedo mi tiempo de dolor de luna

no me da miedo tu olvido

sé que no se marchita tu memoria de pájaro.



Ya no me queda nada


Un velo me cubre y está ciego el pájaro que me mira

mis manos están inmóviles

las palabras no hacen eco

se mueren

junto con las cenizas de la lámpara que no enciende

El lirio con sus ojos tristes busca la sed del río

Ya no me queda nada

el mar cesó su oleaje

en el rumor del viento mi corazón espera

Agua que se ausenta empuja mis pies frágiles

Ya no me queda nada

el aire finge sudor en las hojas

sin haberlas tocado

sola en el andar de lejos

acercándose una luz que me abunda.



Lirio entre piedra


El tiempo y el viento

con estridente prisa

no manchan la blancura de un lirio

que se yergue sobre las piedras

La luna le da el jugo

de su manzana roja

El arroyo

el sueño de sus aguas

El cielo

da a mis ojos

un espacio interior

que proyecte

la blancura del lirio.

Bibliografía activa: Horizonte que me toca, Centro Editorial, San Pedro Sula, Honduras, 2000; Voz en el agua, Centro Editorial, San Pedro Sula, Honduras, 2002.


Bibliografía pasiva: Fausto Leonardo Henríquez: Aliento místico y trascendente en María de Los Ángeles López (Prólogo a Horizonte que me toca). Bruno Rosario Candelier: El reclamo trascendente en la lírica de María de los Ángeles (Prólogo a Voz en el agua). B. R. Candelier: El Interiorismo. Ateneo Insular, R. D., 2001. B. R. Candelier: La creación cosmopoética. Academia Dominicana de la Lengua, 2005. Azucena Gutiérrez Pacheco: La dimensión mítica en el poemario “Voz en el agua” (Epílogo).

lunes 11 de mayo de 2009

TEODORO RUBIO, poeta interiosta. España.

Teodoro Rubio, Peñaranda de Duero, Burgos, España, 1958. Una nota importante de la poesía de Rubio es su lirismo, cuya herencia se enraíza en la tradición castellana. Otro aspecto es la dimensión espiritual de su creación. Y todo ello aunado a un dominio perfecto del lenguaje y del bello decir, la poesía.


En continuidad con la tradición de la espiritualidad hispánica, Rubio aborda la parte más entrañable del alma humana: su contacto con Dios. Su experiencia interior tiende a la contemplación, la cual se ve jalonada por la realidad que nos confronta cotidianamente. Desde ahí nacen sus mejores versos.


¿Quién soy?

“Esto es ser hombre: horror a manos llenas”
(Blas de Otero)

Déjame preguntarte por mi herida.
¿Quién soy yo, di, alfarero soberano,
si me hiciste del lodo más profano,
de mármol yerto, con la sien dormida?

No soy naipe que juegue esta partida
no soy playa, ni espuma en tu océano,
soy avión de papel sobre tu mano,
que lanzas al abismo de la vida.

Una, otra y otra vez mi silueta
va cayendo y cayendo por el suelo,
gira en el aire igual que una veleta.

Y serena aterriza sin consuelo,
quebrantada de no lograr la meta,
soñando a cada instante con el cielo.


Caín sepulturero

Si pudo florecer igual que espigas,
¿por qué aguzaste sórdida quijada
y después, en las sienes enclavada,
a tu estirpe maceras y castigas?

Si pudo sonreír, ¿por qué le obligas
a ser luto, y erial, y res callada?
¿Por qué ovillas su vida regalada
sumiendo pesadumbre tus fatigas?

¡Quebraste los deseos más arcanos!
¡Océanos nacieron por claveles,
abúlico, Caín sepulturero!

¿Y cuándo esponjarás de nuestras manos
la sangre que vertieron los abeles,
haciendo del fusil flor de romero?


Al comienzo

Un presagio de caos y oscuridad,
como al principio del mundo,
adolecía tus entrañas.
Así la tristeza fecundó en el costado
de la noche la penumbra.

Y la Palabra
quiso hacerse fuego
para allanar la estepa anillada de espesura
y alumbrar con su nervado sol
la amorfa luz cenital sin pliegues ni colores que existía.
Hilvanaste los bolsillos de esta alma agostada
y fueron esencia y dicha desde entonces
sus pardos caminos.

Y la Palabra
quiso hacerse carne para vivir con los hombres
en la húmeda alcoba,
en el terrazo frío,
en el mismo suelo de la tierra
cubierto por el techo de vibrantes estrellas
y la falta de ozono que nos asfixia.

Quiso compartir el pan blando
en una mesa entrelazada por la concordia
y le dimos el pan de la complicidad,
el pan duro, que nos sobra en cada fiesta de noche.
La Palabra se hizo carne
y le cerramos los labios.
Mendigó el recuerdo hasta el instante preciso
y por una rendija introdujo sin doblar nuestro saludo
la llama de la vida
y tu imagen quebró nuestra ceguera,
la turbia esperanza en el desánimo.

La Palabra fue palabra.
Alzó su plegaria de amor a los mendigos,
ese acento mecido por el aire,
espíritu, intuición casual,
en el espacio, el devenir,
y nació el verso más bello y recordado.


Paz desde la cuna

No habrá nieve de amor, no habrá rocío,
no habrá incienso esta vez, no habrá amapolas,
ni arcángeles que extiendan sus estolas
para mostrar así tu señorío.

No habrá más donación que mi albedrío,
mi corazón que siente, herido a solas,
esta playa sedienta de las olas
para calmar, Jesús, tu escalofrío.

No habrá más gratitud para ofrecerte
y agrupando el amor, sin ofenderte,
revierto en tu nacencia mi fortuna.

A todo darás luz con tu sonrisa,
la paz me ofrecerás, la miel, la brisa,
jugando Niño-Dios desde la cuna.


Oscura soledad

Araña mi soledad
crepúsculo de la noche,
tu breve caricia fluye
del aire nace tu nombre.

De jazmín y madreselva
tus labios aroma esconden,
ángeles cierran tus párpados,
resurge de tu beso el orbe.

Boga infinito silencio
de arrullo se ama y canciones.
Del firmamento sedoso
agita el cristal su polen.

Araña mi soledad
brizna afilada de hombre
¡Sosegaos, sombra y quejido,
crepúsculo de la noche!


Navidad

Has nacido después de tanta espera,
de tanta oscuridad y desconcierto.
Has traído a nuestro árido desierto
rescoldos de ternura y primavera.

Has traído en amor su sementera
para injertarlo en este viejo huerto.
Has traído rejones y has abierto,
con sonrisas, la senda verdadera.

Has traído, en palomas y canciones,
un ramillete blanco de alegría.
Has traído aquí antiguas ilusiones.

Se ha cumplido ya al fin, la profecía:
son de carne y de flor los corazones.
Has traído a la vida una utopía.


Viernes Santo

Tu soledad, contigua de la mía
henchida de aflicción y de amargura:
tu inocencia y condena me tortura.
Mi espadaña apuntala tu agonía.

Pasa la noche, nace el nuevo día.
Tú, paciente, en la cruz sientes ternura,
calmas mi sede de paz y de ventura
y me ofreces tu drama y compañía.

Pegado yo a tu cruz rezo y te miro,
imbele, sin consuelo, agonizando,
blandiendo, a solas, tu último suspiro.

Y sigo en el dolor a ti clamando.
Es cierto que te quiero y que te admiro.
Y quedo solo en mi orfandad llorando.


Niebla

El cielo tiene dos ojos
para podernos mirar.
El uno alegra la tierra,
el otro duerme en el mar.
Tiene los ojos cerrados.
¿Cuándo se despertará?
¡Qué pálida está la tierra!
¡Qué revoltosa la mar!


Lluvia

¿Qué pena te habrán contado,
que no cesas de llorar?
El aire lleva suspiros,
el eco trae su cantar.
La tierra viste de luto.
El mar, ¡qué triste está el mar!

¿Qué pena te habrán contado,
que no cesas de llorar?


Pleamares duraderas

Me hablas con esa misma dignidad
que invade el pensamiento la nostalgia,
con la misma insistencia que la mar
representa sus versos a la playa.
Me hablas y estoy ausente, tan ausente
que parezco invisible a nuestro tacto,
a aquella superficie de tus dedos
cóncavos, y al rumor de tus palabras.
Me hablas y, como rectas que se cruzan
componiendo cuadrículas de escarcha,
tu voz desaparece en remolinos
de impaciencia en el borde de las almas.
Me hablas como un candil nos ilumina
el oscuro silencio de una plaza,
y la espesura igual que enredadera
entrelaza en paredes la esperanza.
Me hablas en este bosque fatigado
con monótonas ramas. Y me hieres
con esas pleamares duraderas,
me hieres con tu vuelo de calandria.
Pero profundamente estoy despierto
para abrirte de nuevo mis entrañas.
Dame el olvido, amor, y no me golpees
tantas veces mi orilla con tus aguas.


Entrega

Cuando pronuncias Dios y me circundas
con esa honda mirada de paciencia,
inventas en la noche los caminos
por donde la luz nace, en la mañana
veloz para escuchar en tus suspiros
el más ciego deseo por marcharte
a la orilla de Dios, junto a tu hijo
esperándote alado y misterioso
con la misma ansiedad de los centenos
para unirte en abrazos como el día.
Tiene miedo la muerte y se aproxima
descalza, silenciosa en los rincones
oscuros de tu rostro, y nos ofreces
ese puzzle de amor que con tus ojos
nos recreas la vida, nos despides.
Te entregas generosa en el silencio
respirando la mansa compañía,
la quietud en la esfera del olvido.
Tiemblan en el ocaso las palabras
flexibles, como el álamo y el junco;
en la estela del tiempo se sosiegan
con ternura tus párpados abiertos.
Y Dios derrama lágrimas oscuras
en los ásperos surcos de la tierra.
Madrugan los arcángeles al límite
del suelo, y tú sonríes como un sauce
con los labios de Dios, mientras te elevas
llevándote el amor como los pájaros
se llevan la alegría con su vuelo.
Y se detiene tu música quebrada
en el árbol cansado de tu ojos.
Y Dios se duerme, madre, entre tus brazos.


Es un lirio tu voz

Es para mí tu voz sabiduría,
como en el templo fue la sementera,
y la sal y la luz en la pradera,
alimento y salud del que sufría.

Siete palabras sólo en tu agonía
y una gota de amor en tu ribera,
como nace al desierto una palmera
a mi ocaso le nace el mediodía.

Es un lirio tu voz, es un lucero
que despunta en el alba de una cuna
y atardece en la cima de un madero.

Es el agua de paz, que nos convierte,
es la antorcha, mi amor, es la fortuna,
que debemos legar hasta la muerte.


Eternízame

Con un puñado de tierra modelaste mi espeso labrantío
amasado con agua y sangre ilimitada.
Insuflaste el aire de la vida
y ardió esta feraz arquitectura
en el fuego horizontal de tus palabras,
de tu amor definitivo.

Desnudo en esta estepa me adelgazas
con tu voz de espliego
y fecundas con tu estrenada luz
cada surco agrietado del barbecho.
De arcilla me tallaste
para convertirme en arcilla nuevamente.
Embriaga aquella fiebre con tu aliento,
con el granito de piedad
sobre mi entraña.

Eternízame en tus brazos, sol.
Descásame, por siempre, en tu sosiego.


Alma de testigo

Yo no quise limpiar mi amor sombrío
con la sangre vertida el Viernes Santo
y aquí, en Getsemaní, ahogado el llanto
relimpio hoy tu corazón y el mío.

No quise corregir mi desvarío,
pero tú, mi pasión, nos amas tanto,
que transformas mi lloro en dulce canto
y escucho tan alegre: “Yo te envío”.

No quise responder y estás conmigo.
Haz de mi voz tu súplica callada,
de mi mano leve aspa, blanco trigo.

No quise ya esperar la madrugada.
¡Porque anochece mi alma de testigo,
toma mi vida, amor, resucitada!


Bibliografía activa: Una Aventura con Vosotros, Editorial CCS, 1996, en prosa, y los poemarios Araña en tu silencio, Toro de Barro, Cuenca, 1989; Herida la palabra, Astrofuente, Salamanca, 1991; Murmullos de Brisamar, Ayuntamiento de Carreño, Asturias 1992; Arañando tu niebla, Univ. Complutense, Madrid, 1998; Luminosa andadura (Antología Poética), Ayuntamiento de Carreño, Asturias, 1999; Fría desnudez del calendario, Rialp, Madrid, 2001. La Oquedad de tu distancia, Ayuntamiento de Carreño, Asturias, 2002.

Bibliografía pasiva: Bruno Rosario Candelier: La creación poética de Teodoro Rubio. Prólogo a La oquedad de tu distancia. B. R. Candelier: El Interiorismo. Ateneo Insular, R. D., 2001. B. R. Candelier: El Ideal Interior. Ateneo Insular, R. D., 2005.


Bibliografía Internet:
http://www.nidodepoesia.com/muertemorib.htm
http://www.rielo.com/obragalardonadapremio.htm
http://es.catholic.net/comunicadorescatolicos/582/1489/articulo.php?id=26964
http://victoriapereira-lia.com/even/momentos11.htm
http://www.archimadrid.es/princi/menu/notdirec/notdirec/2005/12diciembre/19122005.htm#Anchor-.06583991
http://www.portaldepoesia.com/poetas_r.htm#Teodoro_RUBIO
http://www.revistaecclesia.com/index.php?option=com_content&task=view&id=3356&Itemid=67
http://www.google.hn/search?q=teodoro+rubio&hl=es&lr=&start=30&sa=N
http://www.deconcursos.com/web/hemeroteca.php?id=6514&page=49&CADENA=

domingo 10 de mayo de 2009

FRAY PABLO DE JESÚS, poeta interiorista.

Fray Pablo de Jesús, Montreal, Canadá. Una intensa vida interior es lo que demuestra la poesía de nuestro fraile-poeta. La traducción de Nelson Minaya (El otro ser) y Leo Flores (A través de tus colinas) es digna y elegante. La creación de Fray Pablo tiene ribetes místicos, como es propio de su estado, que denotan el anhelo de un alma ávida de perfección y de encuentro con la pureza de la Divinidad. Esto es notorio en cada tramo de su poesía.


Sin embargo, y esto no es menos importante, acude al mito, fuente de la cual extrae la sustancia del misterio para aleccionarnos con la belleza que dimanan de los mismos. Más aún, los mitos –este es su aporte interiorista- nos remiten al sentido original de la trascendencia, al mundo de la divinidad, al mundo de los dioses.




El otro ser


(A Nelson Julio Minaya)


Porque incendiamos los puentes,

no pudimos volver a la orilla anchurosa;

fue preciso buscar nuestro otro ser

en la cima del alma.



Antinos


¿Qué ignoto manantial fluye en su libre curso

por mis carnes, esta fatal mezcla de Nilo, vino,

y santuarios apoyados en palmeras?

¿Y cuándo las esencias luminosas

darán de nuevo luz a estas extremidades,

ya que, ahora, solamente nos queda

la vacuidad de la paciencia?



El ser resplandeciente


Apolo, de tu sol, siento irradiar su brillo,

y desde que dejaste en mis manos tu lira,

tú música en mí vibra cuando suspiro

por el Amante fiel del ser resplandeciente.

Máscaras

Airadamente, llegaste a mí en mugrientos andrajos

las Ménades te apedrean a ti, ya no los perros,

mas mi pecho latiente tus engaños desvela

ningún disfraz te ocultaría ya de mi mirada.



Ritos de purificación


Con tu vino, oh Dionisos, fluyo sin que me ahogue

y en tu vivido fuego, ardo sin abrasarme;

tu frenesí en mi mente enciende

ímpetus no olvidados,

purificados, ya, por la catarsis de tus ritos.



Las dos infinitudes


¡Oh Hermoso, vengador!, ¡celoso juez! ¡amante!

Nos llegas por la escala estelar de Jacob

en la forma de ángeles que pugnan

con nosotros en la carne

para abrir un brecha en nuestros mundos inferiores

-nuestra porta ínferi- para entrar furtivamente

en el horno de nuestro infierno escondido.

¡Oh el más hermoso de los hijos de los hombres!,

para de nuevo alzarnos, peldaño a peldaño atormentado,

al rellano en donde la materia

afloja sus garras sobre el recuerdo en el alma.

¿Deberán condenarnos por el vicio

cuando tú desciendes, cuando vistes los velos

de la noche y vuelves nuestra alma

en el encanto oscuro de la carne –¡carne tuya!-, cuando

avivas las llamas

y entumeces la voluntad con cada belleza carnal

que te huelgas asumir a tu antojo;

cuando verte es ignorancia ciega y feliz?

¿No obedecemos a tu capricho

cuando quebrantamos los preceptos de tu Ley?

¡Oh cómplice irresistible de nuestra vergüenza!

Pero entonces, envidiosos de nuestros amores

intratables, tú desintegras, con filo abrasador,

los átomos que nos atan a las fórmulas

de la carne, o deshechizas los edenes de tus frutas

prohibidas en justa cólera contra nuestro

desenfreno, cuando fue tu pulpa

transustanciada lo que asimos, cual sacramento

mortecino en nuestro anhelo de tu luz.

Castíganos, si te place, por jugar contigo;

suelta las pestes y los dragones del castigo

para obliterar el vientre de nuestras bestialidades:

hemos aprendido, expulsos ya de paraíso

apocalíptico, de nuestro lago de fuego interior

hasta los éteres de la Causa, porque la belleza

de la naturaleza causa la belleza de los cuerpos,

la bella razón en el alma causa la belleza

de la naturaleza, y la causa de la bella razón

en el alma es el Intelecto que replica

el mundo inteligible de la Sabiduría Divina,

¡oh peldaño final en la escalera

de nuestro anhelante corazón!


§


Tu cuerpo es la tierra

con sus contornos y hondonadas,

compostable y alterable;

hibisco de ojos abiertos

y jacintos henchidos,

la belleza mudable de tu juventud;

pero el fruto –mangos dulces

y naranjas agrias-, tu alma

que da gusto duradero a mi sed.


§


Ahora que nos conocemos el uno al otro,

ahora que conocemos la expulsión

y la reentrada al paraíso, y nos hemos

agarrado a la melena de la bestia de la belleza

-¡nos volvió feroces de asombro!-

ya tu belleza no encubrirá más la de Dios

ni la de Él la tuya (atributo

de Su exterioridad), porque ninguno

de nosotros ya puede

soportar más el Tiempo.


§


Hasta la orilla del mar hay senderos

para ti y para mí,

pero una vez alcancemos el agua, nada más

que Él y el Mar Abierto.



El Rey Sacerdote de Cnosos


las formas reducidas a un ritual,

el ritual, a una vida que discurre…

¡oh danza! eres la sola primavera

que en forma de juventud florece



Ante la estela de Democleides


¡Oh, tantas cosas su luminosidad agotan

antes de que la carne abandonemos!

¡Y cuántos pedestales de luz caen abatidos

antes de que el fuego de lo alto,

del terrenal agobio nos libere!



Alejandro


dorado dios de Asia y de juventud perenne,

¡oh, cálido latido de gallarda armonía

de la Hélade ausente!

los reales creadores no son meros mortales

trascienden las fronteras de sus propios sueños.



Eros


Efebo alado, el hijo de Afrodita,

nacida de la espuma y del mar argentado,

susurro acariciante de sedo melena,

tu flechazo encantado bien sacia las pasiones

del hombre más sereno, de mayor reciedumbre.



Islas


oh, Poseidón, el dios de la azul cabellera,

el delimitador de mares y de playas;

trázanos los senderos a las islas que guardas

do los dioses, a solas, remembran

su existencia,

que desnudos se bañan

en aguas burbujeantes



Palas Atenea


Deidad con armadura, madre de la filosofía,

acrópolis de luz que en carne humana

mudas la blancura del mármol

de las sagradas piedras

que el tiempo ha abatido,

brota invicta la luz de tu sabiduría

¡sólo es don de los dioses conocer lo divino!



Ganímedes


¿Por qué me arrebataste contigo hasta el Olimpo,

cual si yo fuese aroma de delicado lirios?

Me atrevería a pensar que quizás

hayas visto en mis brazos ardientes

reflejar tu belleza.



Narciso


Los cielos se reflejan en límpida laguna,

de los dioses desnudan su íntimo sentimiento.

¿Qué espejo humano somos que refleja los dioses?

¿Y qué dioses son éstos que añoran

en lo humano reflejar su belleza?



La siringa de Krishna


Mi alma se acongoja a los sonidos del bosque

de Bengala,

cuya armonía para mí tocaste

ha centurias lejanas.

a esa música rindo mi albedrío de vivir o morir…

ya sólo puedo pedir

lo que en verdad yo quiero.



Tat tvan asi / Tú eres eso


Consorte eres de los mundos, Morfeo,

tú que viertes océanos sin edades

en mis huesos durmientes

cuando la marejada me sostiene

en sus crestas…

¿es que acaso no soy ése a quien contemplo?



Bibliografía activa: El otro ser (inédito) y Las dos infinitudes, traducción del inglés por Nelson Julio Minaya; A través de tus colinas (inédito) traducción por Leo Flores; Las dos infinitudes (inédito)

Bibliografía pasiva: Bruno Rosario Candelier: El Interiorismo. Ateneo Insular, R. D., 2001. B. R. Candelier: El Ideal Interior. Ateneo Insular, R. D., 2005.

Localización tierra natal, República Dominicana